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Lo deploro

Un tanque es la mejor solución.

Todo el mundo tenemos cosas basuriles en casa por alguna razón u otra: horrores que te han regalado y que no puedes tirar, trastos con un vago valor sentimental, paridas que por alguna razón nos hacen gracia… en suma, kippel, como decían en Blade Runner. Hoy voy a hablar de uno de esos artefactos que está en mi poder: una taza de la campaña de Rubalcaba de las elecciones del año pasado.

Pues mira, fue que Rubalcaba NO

¿POR QUÉ?

Evidentemente, no soy yo lo que se dice un simpatizante de Rubalcaba. Entonces ¿por qué? Pues muy sencillo: una maldición. Es un objeto gafado, con la misma mala suerte que el candidato socialista. A mí me la dió una persona que quería librarse de ella, y yo estoy condenado a poseerla hasta que se la pueda enjaretar a otro desdichado, para que continúe el ciclo hasta el final de los tiempos. Y no lo digo de coña eso del final del los tiempos: el trasto es indestructible.

Me inquieta pensar que, mucho después de que la raza humana haya desaparecido, este cacharro pueda seguir por ahí. ¿Qué pensarán los aliens de nosotros?

¿LA USAS?

NO. Ni de coña. Ni para llenar de agua el tazón del perro. ¿Estás loco? ¿Qué puede pasar si bebes en una taza con el nombre de Rubalcaba? ¿Es que no has visto Indiana Jones y la Última Cruzada?

“Sí… esta es sin duda la copa del Rey de Reyes”

¿Y QUÉ VAS A HACER?

No lo sé. He probado a tirarla en un pozo, por un precipicio, en los fuegos de Mordor, pero como buen objeto maldito siempre acaba reapareciendo en mi armario de las tazas. No quiero tampoco dársela a otro infeliz que tenga que acarrear la maldición en mi lugar. Que yo sepa, sólo hay una fórmula para librarse de este sortilegio, y el precio a pagar es demasiado alto. Se trataría de golpear la taza irrompible de Rubalcaba con esto:

Gaaaah

Según un antiguo texto hermético esto desharía el ensalmo rubalcabesco, pero a la vez te federaría a un club de pádel en el que se te obligará a jugar como compañero de Jaime Mayor Oreja. No hay otro camino.

Si le ganas, eres la ETA

Ante esta disyuntiva, casi prefiero quedarme con la puta taza. Hala, al fondo del más oscuro cajón de la cocina.

(Nota: la taza de Rubalcaba ya salió en este otro post)

– Deploreibol

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