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Lo deploro

Un tanque es la mejor solución.

Un día más, una nueva mentira del Gobierno. Esta vez, a tomar por saco con la promesa de que no iban a subir el IVA. La colección de falsedades y compromisos ignorados durante estos (pocos) mesecitos de mandato de Rajoy empieza a ser ya muy larga. No es que otros lo hayan hecho menos, pero es que la velocidad a la que estos incumplen sus promesas electorales es verdaderamente increíble. Y yo lo atribuyo todo a la fórmula de juramento de los cargos.

Y es que cuando los ministros asumen su cargo tienen que pronunciar una fórmula absolutamente pasada, que no dice nada, recogida en un apolillado decreto de prácticamente el día después de la Transición. La fórmula es:

Juro (o prometo) por mi conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo de …………… con lealtad al Rey y guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, así como mantener el secreto de las deliberaciones del Consejo de Ministros.

Ya ves. Lo dices, te dan el cargo de ministro, y luego ya puedes dedicarte a hacer todo tipo de tropelías. Pues no debería ser así. El juramento debería ser tan recio que sólo pensar incumplir los compromisos que has adquirido para lograr tu cargo debería llenarte de acojono. Para arreglarlo, propongo unos sencillos pasos que en mi opinión conducirán a que los políticos se tomen en serio sus promesas. Ahí van:

1- Poder cambiar lo del Rey y la Constitución

Igual que a un tipo que asume su cargo le dejan elegir entre decir “juro” o “prometo”, en función de si cree o no en cosas sobrenaturales, también deberían dejarle cambiar el objeto de su promesa de lealtad y guarda. A ver, ¿a quién le importa jurar “lealtad al Rey”? ¿Qué es esto, el siglo XV? Y en cuanto a lo de “guardar y hacer guardar la Constitución”, menuda pamplina: un texto que se cambia con agostidad y alevosía de espaldas a la ciudadanía no suscita mucho respeto. Por eso, propongo que los aspirantes a ministro juren por cosas que de verdad les motiven, que les comprometan, que les hagan sentirse vinculados a su responsabilidad.

Juro por mi conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo de Ministro de Hacienda, con lealtad a Led Zeppelin, y guardar y hacer guardar la Canción de Hielo y Fuego como norma fundamental del Estado, así como mantener el secreto de las deliberaciones del Consejo de Ministros

Mejor. Así sí que se lo toma uno en serio.

2- Hay que incluir en la promesa que NO SE PUEDE MENTIR

Si te has pasado una campaña entera diciendo, no sé, que subir los impuestos es un rollo, que no vas a tocar las pensiones, que no vas a meter la tijera a sanidad y educación y que no vas a abaratar el despido, por coger unos ejemplos así, sin malicia, no puedes saltarte esas promesas, majo. Menos, si lo haces en cuatro meses. Así que la fórmula de juramento debería incluir una mención explícita a los compromisos electorales (y quitar la chorrada del secreto de las deliberaciones del Consejo de Ministros, que es una parida):

Juro por mi conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo de Ministro de Hacienda, con lealtad a James Tiberius Kirk y guardar y hacer guardar el Silmarillion como norma fundamental del Estado, así como no saltarme lo prometido en la campaña y no decir mentirijillas.

3- Incluir en la fórmula algún tipo de consecuencia si se incumple lo jurado

Está muy bien eso de jurar no contar trolas ni saltarse los compromisos, pero  ¿y si lo haces? Para que se te quede bien grabado a fuego en la mente que las promesas se cumplen, hay que incorporar a la propia fórmula las consecuencias de pasarse por el arco del Triunfo lo jurado. Que sea inmediatamente evidente que decir mentiras está castigado:

Juro por mi conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo de Ministro de Hacienda, con lealtad a SPECTRE y guardar y hacer guardar La Vida de Brian como norma fundamental del Estado, así como no saltarme lo prometido en la campaña y no decir mentirijillas, Y SI NO QUE ME SODOMICE UN MINOTAURO

Es muy importante, como en la foto, que el propio minotauro esté presente en la ceremonia, para que quede clarinete el alcance de las consecuencias.

Con estos sencillos retoques creo yo que podrás votar tranquilo, en la completa seguridad de que tu partido cumplirá estrictamente lo prometido tras llegar al poder. Como “bonus track”, después de la ceremonia de jura, se debería llevar al recién designado ministro ante alguna de las múltiples obras costosísimas e inútiles que adornan nuestra geografía, como el aeropuerto de Castellón o la Ciudad de la Cultura de Galicia, y DINAMITARLA ante sus ojos con el político que dio la orden de construirla dentro. Esto tendría la doble virtud de dejarle claro que todo derroche de dinero público supondrá la muerte, y además dará un aliciente a los ciudadanos para ir a visitar esas instalaciones, que ahora estan vacías y sin uso.

Por fin un buen motivo para acercarse a ver el Centro Niemeyer

– Deploreibol

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