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Lo deploro

Un tanque es la mejor solución.

Tag Archives: Montoro

Nos mienten en el trabajo, nos engañan en el parlamento, nos estafan en la tele y también nos cuentan milongas en las cajas de galletas, joder. Ayer fui al supermercado a comprar galletas, y pillé de dos tipos. Las primeras, éstas:

Son digestivas Y llevan chocolate ¿Es esto el paraíso?

Son digestivas Y llevan chocolate ¿Es esto el paraíso?

¡Quieto, león! Aunque las galletas se llaman “Digestive”, si giras la caja y miras donde pone la información del lote y la dirección de la empresa (es decir, donde no mira nadie) verás que “digestivas”, lo que se dice “digestivas”, no tienen por qué ser…

Ahá

Ahá

Vaya toalla. Se ve que la ley permite hacer estas cosas. A partir de ahora, me voy a presentar a la gente como “Ministro”; eso sí, cosiéndome en el interior del calcetín derecho una etiqueta que diga “La palabra Ministro no significa que Deploreibol sea miembro del Gobierno de España”. Transparencia.

montoro

Al fin y al cabo, cualquier imbécil puede serlo, no veo por qué yo no

Ya sabéis: si os cae mal vuestro jefe, llamadle “caraculo”; cuando llegue el juicio por despido, podréis utilizar como defensa que la palabra “caraculo” no implica en ningún caso que su aparato excretor esté directamente localizado en su cabeza. La culpa es de él, por entenderlo mal, así que os tendrán que pagar una indemnización cuantiosa y readmitiros en el puesto de trabajo. Si el tema de las nomenclaturas vale para que las grandes empresas se salgan con la suya, valdrá también para los curritos ¿no?

Vamos, digo yo.

En fin, las otras galletas son éstas:

Ya veis por dónde voy, ¿no?

Ya veis por dónde voy, ¿no?

En este caso, el problema es de sobrecompensación. A la pregunta de “¿cómo de orgánicas son unas galletas Organic?” la respuesta que da la empresa es “pues la hostia de orgánicas”, o más bien, “biológicas”. Leed:

Porque no les cabía, pero probablemente la sal marina también sea biológica

Porque no les cabía, pero probablemente la sal marina también sea biológica

Ehhh… “biológico”… ¿por oposición a QUÉ? Una pregunta que pueden responder a los comentarios los que sean de ciencias; yo, que soy de letras, lo que puedo decirles es que me parece que se les ha ido un poquito la mano con lo de “biológico”. Por otro lado, si escriben “esológicas” y “harine”, no sé yo si fiarme.

En conclusión, que sepan que si fabrican galletas, uno puede:

– Ponerles el nombre que les de la gana, aunque nada tenga que ver con el producto.
– No cortarse un pelo a la hora de utilizar las palabras “orgánico” y “biológico”.

Así que nada, disfruten de mis galletas:

El asterisco es una llamada a la parte de abajo del envase, en el que está escrito -en letra menuda- "nada de lo descrito tiene por qué ajustarse a la realidad"

El asterisco es una llamada a la parte de abajo del envase, en el que está escrito -en letra menuda- “nada de lo descrito tiene por qué ajustarse a la realidad”

– Deploreibol

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Estaba leyendo que al director de orquesta ruso Valery Gergiev su amigo Putin, además de construirle un teatro para que juegue, le ha impuesto la condecoración de Héroe del Trabajo. Es un honor que no se concedía desde los tiempos soviéticos, y el sabor comunista se acentúa más si te fijas en que también le han dado la condecoración a un neurocirujano, un operador de maquinaria agrícola, un minero y un tornero. Todas profesiones honorables, útiles a la sociedad, de las cuales apenas hay ejemplos en España.

Aquí las profesiones equivalentes son teólogo, emprendedor, torero, profesor de pilates y uno que tiene mucho dinero porque su padre se hizo de Falange en 1938

Aquí las profesiones equivalentes son teólogo, emprendedor, torero, profesor de pilates y uno que tiene mucho dinero porque su abuelo se hizo de Falange en 1938 y su padre del PSOE en 1982

Y mi melancolía se acentuaba cuando recordaba que yo he estado en un acto de concesión de medallas al Mérito en el Trabajo, y entre las decenas de perceptores había sólo unos poquitos trabajadores propiamente dichos (uno de los cuales había estado cotizando como un cabrón durante más de 60 años), pero la mayoría eran empresarios de estos bien cazurros que tenemos en este país, artistas de medio pelo e instituciones benéficas.

Todo me lleva a concluir que aquí las medallas se prostituyen y las distinciones no son más que una burla grotesca, con lo que (como siempre) propongo ir al fondo del asunto y cambiar algunas de las condecoraciones existentes.

La Medalla a la Movilidad Exterior

En lugar de la actual y aburrida Medalla de Honor de la Emigración, se podría imponer la Medalla a la Movilidad Exterior, término acuñado por la ministra de Empleo que no desmerece en nada en orwellianismo a eso de la “devaluación interna” o la “flexiseguridad”. Se concedería a los que más hacen para que los jóvenes españoles se piren de este páramo sin oportunidades.

Con lo que entre Montoro, de Guindos, Elena Salgado y la propia Báñez ya tenemos un buen grupito de aspirantes para la primera ceremonia de concesión

Con lo que entre Montoro, de Guindos, Elena Salgado y la propia Báñez ya tenemos un buen grupito de aspirantes para la primera ceremonia de concesión

La Medalla MacGyver a la Investigación

Que sustituiría a la Medalla al Mérito en la Investigación y en la Educación Universitaria. La idea es que, dados los contínuos recortes en investigación y ciencia, y dada la idea del ministro del ramo de que hay que hacer “más con menos”, se recompensen los esfuerzos de los científicos que, con cuatro duros y a pesar de las mil y una putadas que les hace la Administración, van y tienen los huevos de seguir investigando.

"Y la medalla de este año va para el laboratorio que, con un tenedor de plástico, un polo de maracuyá y 7 gramos de grafeno ¡ha conseguido inventar una sustancia más dura que la jeta de De Guindos! ¡Felicidades!"

“Y la medalla de este año va para el laboratorio que con un tenedor de plástico, un polo de maracuyá y 7 gramos de grafeno ¡ha conseguido descubrir una sustancia más dura que la jeta de De Guindos! ¡Felicidades!”

La Orden de la Jeta de De Guindos

Precisamente, aprovechando la dureza de la cara del ministro de Economía, se podría instituir una nueva condecoración que sustituyese a la Orden de Cisneros, pensada para recompensar méritos políticos. Se podría conceder a aquel que, en el ejercicio de sus funciones representativas, dijese una ’boutade’ tan acojonante que en un país civilizado le costaría el cargo; pero aquí, como somos así, le damos una medalla.

Aquí también habría muchos potenciales beneficiarios; desde la propia Báñez, que no hay vez que hable en que no diga una melonada, hasta Montoro, que todo lo que dice es mentira, pasando por Feijóo, aquél que responde que “había nieve” cuando le preguntan a dónde se fue de vacaciones con un narco.

Había tanta nieve, que me sangra la nariz de sólo pensarlo

Había tanta nieve, que me sangra la nariz sólo de pensarlo

Pues ya sabéis, guapos; cinismo y sangre fría, e igual os lleváis una medalla el día menos pensado.

– Deploreibol

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Si tienes perro, ya lo sabes: por tu zona hay uno o más grupos de gente que sacan los perros más o menos a las mismas horas, se simpatizan, se ven todos los días, se comentan sus vidas… vamos, que forman pandilla. Yo, cuando era dueño de perro novato me ví, en distintos momentos, en dos o tres de estos grupillos, pero lo dejé. Igual que mi perro es un ser que prefiere ir a su bola y no le gusta la compañía de sus semejantes, mi caracter introvertido y misantrópico hace que prefiera pasear por mi cuenta, sin juntarme con la gente. Vamos, que soy un antipático y un gilipollas.

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Pero al margen de mi carácter, es que hay cosas de estas pandillas que no me gustan, fíjate. Aquí un breve sumario.

1- Los rollos que se traen

Debe ser una cosa genética humana o algo así pero tengo observado que, por alguna razón, no se puede formar parte de un grupo de cuatro personas o más sin que, al cabo de un cierto tiempo, ese grupo se fragmente en varias facciones irreconciliables. Quizá esto es inevitable cuando hay poder de por medio, como cuando hay que dilucidar quién lidera la vanguardia proletaria en la revolución comunista…

...o, igualmente importante, quién lidera la banda de rock indie que hemos montado

…o, igualmente importante, quién lidera la banda de rock indie que hemos montado

… pero ¿por qué peleítas y malos rollos en un grupo de gente que sólo se ven para pasear a los perros? Pues, lo creas o no, los hay. Y como no hay nada que más me fatigue que la gente me cuente sus mezquinos problemas con no sé qué dueño de no sé qué otro perro, me alejo de estas pandillas de perros y recomiendo a todas las personas cuerdas hacer lo mismo.

2- El macho/hembra alfa

En estas pandillas de perros, según mi experiencia, siempre suele haber un líder no oficial que es el que más sabe (o el que más dice saber) de perros. Si tu perro tiene un comportamiento raro, te explica lo que es porque él lo sabe; si tiene un problema veterinario, te hace un repaso de todos los tratamientos posibles y te sugiere alguna cura casera; si es un chucho, te dice con todo el aplomo qué clase de cruces son el origen de su nacimiento.

"25% pinscher, 25% dachshund, 50% aborto de Satanás"

“25% pinscher, 25% dachshund, 50% Satanás”

En fin, un puto coñazo de tíos o tías.

3- Hombre blanco mayor de clase media

En todas estas pandillas hay bastantes personas que responden al siguiente perfil: Varón, de una cierta edad (55 para arriba), jubilado o prejubilado, en buena situación económica, y que está tan aburrido por no tener nada que hacer que se coge el perro y está horas de paseo con él. Estos tíos son un coñazo porque te dan unas brasas inacabables con sus aburridísimas historias de clase media.

"...y le dije '¿al pádel me vas a ganar tú? Sería la primera vez que uno de contabilidad gana a uno de márketing'. Así que cogimos las raquetas y nos fuimos al Polideportivo Municipal de Pozuelo..."

“…y le dije ‘¿al pádel me vas a ganar tú? Sería la primera vez que uno de contabilidad gana a uno de márketing’. Así que cogimos las raquetas y nos fuimos al Polideportivo Municipal de Pozuelo…”

Que sean de clase media no sólo garantiza que sus historias sean aburridas (los pobres y los ricos, por distintas razones, suelen tener vidas más interesantes), sino que también te dan el perfil político de este tipo de gente: en sus largos paseos sin nada que hacer, han llegado a la conclusión de que nos vamos al carajo, que todos los políticos son unos gilipollas y unos parásitos, que todo es una conspiración urdida por banqueros, que los jóvenes no tienen huevos para nada, y que si ellos mandasen iban a arreglarlo todo en dos patadas. Si te encuentras con uno de estos señores y quieres escuchar una hora y media de monólogo lleno de indignación e improperios, te recomiendo que uses una de las siguentes palabras:

Si no les hierve la sangre inmediatamente, te devuelvo el dinero

Si no les hierve la sangre inmediatamente, te devuelvo el dinero

Si alguna vez te habías preguntado quién vota a Unión, Progreso y Pan con Queso, son éstos.

Así que ya sabes, mejor pasear solo que mal acompañado. Yo no sé si me pierdo algo por no estar en una de esas pandillas, pero sí se lo que gano: no escuchar gilipolleces del tipo “este problema de tu perro se soluciona haciéndole unas friegas con vinagre”, “eso que te dice tu veterinario es una chorrada; tú hazme caso a mí”, “ya han pasado ocho años, y todavía no sabemos quién está detrás del 11-M” o “a mí los maricones me parecen muy bien; ahora, que les dejen casarse…”

Qué paz para mis orejas

Qué paz para mis orejas

– Deploreibol

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Seguro que os ha pasado: tú vas andando tranquilamente por la calle o por un pasillo, marchando en línea recta con intención de llegar pronto a tu destino, y de repente ¡paf! te pegas una leche contra un tarugo que se ha quedado parado delante tuyo sin avisar y sin ningún motivo. Odio esta movida.

Afortunadamente, me dí cuenta justo antes de subir este post de que “Odio a los que se quedan parados” no era el título más feliz.

Atención, que lo que me enerva es la gente que se para de pronto SIN RAZÓN. No hablamos aquí de los que se detienen antes de cruzar una calle por la que pasan coches, o cosas así: son los bobos a los que, por algún motivo, se les olvida que iban andando y se quedan quietos.

Esto pasa mucho al cruzar umbrales: al entrar en una cafetería, o al salir de un ascensor, es frecuente que tenga delante algún imbécil que da dos pasos y se queda como un pasmarote delante de la puerta, mirando a su alrededor como si lo que viese fuese algo sorprendente e insólito.

Ante esta situación, el comportamiento adecuado de un caballero bien educado es encogerse de hombros y proseguir, mientras anda, con la lectura del Financial Times.

Yo me pego buenas leches con esto, porque ando muy rápido; un rasgo evolutivo habitual entre los que hacemos vida en el centro de Madrid. Y es que éste es un lugar en el que si te quedas quieto un segundo empiezan a converger sobre tí locos contándote alguna movida, gente que pretende que dones dinero a alguna ONG, camareros que quieren meterte en algún restaurante, personas que te dan papelitos encomiando las virtudes de algún negocio cercano, mendigos pesados, perroflautas de esos que se acercan con mucha labia a ver si les echas algunas monedillas… En definitiva, pelmas que quieren tu dinero. Debe ser por la influencia espiritual del ministerio de Hacienda, que está ahí mismo, en Alcalá 9.

“Qué pasa, chavalote ¿Me echas una libra, para los Presupuestos? No te pongas tan serio, regálame al menos una sonrisa. Hale, hasta luego, simpático…”

Bueno, que yo ando muy rápido, y por eso me trago cada dos por tres a uno de éstos que se para de pronto a mirar a las musarañas. Y lo que más me molesta es que parece que el que anda es el que tiene la culpa, y tiene que pedir perdón. ¿No te jode? Pero que no se diga que uno no es educado:

“¡Oh! ¡Lo siento mucho! Siento verdaderamente que haya gente que tiene una tara cerebral tan grande que le impide pensar y andar al mismo tiempo, y que por ello se para súbitamente sin respetar a la gente que lleva detrás. Tome, como desagravio déjeme que le transmita toda la energía cinética que llevaba en mi paseo, y que usted puede emplear ahora para aproximarse rápidamente al asfalto”.

– Deploreibol

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Dentro de poco, noviembre, y con él una de las citas en el calendario solidario que más detesto: Movember. Una iniciativa que va de que los hombres se dejen crecer el bigote durante todo el mes de noviembre para concienciar a la gente sobre el cáncer de próstata y otras enfermedades masculinas. Quizá no hayas oído hablar de ella, pero es una cosa que empezó en Australia hace unos años y se va expandiendo por el mundo, y España, siempre a la vanguardia de las cosas simbólicas, está también en esta pomada. ¿Y por qué odio esta noble cruzada? Vamos por ello.

¿Qué tiene que ver el bigote con el cáncer?

De verdad, es que no puedo con estas protestas simbólicas que pretenden denunciar o alertar sobre algo haciendo una convocatoria para un acontecimiento que no tiene absolutamente nada que ver. ¿Qué relación hay entre el cáncer de mama y una carrera solidaria de mujeres? Las empresas que las organizan se llevarán un buen pico con el dinero de la inscripción (ved post al efecto aquí) ¿Y por qué para denunciar los recortes en sanidad los médicos y enfermeros de Granada hacen un bailecito con la música del YMCA? Pues para salir por la tele un minuto y, en el proceso, ridiculizar su propia lucha.

El V Botellón Popular contra los Bombardeos Israelíes en Gaza ha vuelto a recordarnos con todo su dramatismo los horrores que sufren cotidianamente los ciudadanos de la Franja

Pues eso, dejarse crecer el mostacho y las enfermedades masculinas… ¿Por qué?

Los nombres estúpidos

Como toda buena campaña de márketing, Movember no estaría completo si no degradase a sus participantes con algún apelativo humillante. En este caso es el de Mo Bro: si te apuntas, afeitándote el día 1 y dejándote crecer el bigote durante el resto del mes, puedes lucir tan honorífico título allá donde vayas. ¡Pero espera! Si eres mujer y apoyas este solidario evento tampoco te escapas: serás considerada Mo Sista. Y si quieres apurar el cáliz hasta las heces, puedes participar en alguna fiesta Movember, donde puedes ganar (copio de la web) “los prestigiosos títulos de Miss Movember y Man of Movember“.

Aquí tenemos precisamen… no puedo. No puedo hacerle esto a Nietzsche, lo siento

El dinero

A poco que navegues por su página, llegarás pronto al fondo del asunto: el dinero. La movida aquí no es, como se dice al principio, dejarte crecer el bigote para generar un motivo de conversación y poder concienciar así a la gente sobre el cáncer de próstata y lo bueno que es prevenir. El tema es convertir a los participantes en recaudadores de fondos por cuenta de la organización. La página te anima a hacer “una lista de los familiares, amigos y compañeros a los que quieres solicitar un donativo” y a enviarles correos electrónicos pidiéndoles dinero. Pero no sólo eso, también te instan a hacer lo mismo con tu empresa y a pedir “a algunos negocios a los que tú apoyas que ellos también te apoyen a ti — tu cafetería preferida, tu médico, la peluquería o la tintorería, etc.”

En el mundo de Movember, los trabajadores van a sus empresas a pedir dinero para una iniciativa solidaria, y éstas se lo dan. También hay unicornios.

El esquema es brillante, la verdad: convertir a la gente en agentes de ventas -uno de los trabajos más duros y difíciles del mundo, porque consiste básicamente en pedir dinero a la gente, que normalmente te manda a tomar por culo 300 veces al día-  pero además GRATIS. Porque a los comerciales normales les pagan (mal, pero les pagan) mientras que aquí tú lo haces por tu cuenta. ¿Te imaginas que a Montoro se le ocurriese algo parecido, y que pusiese a la gente normal a recaudar impuestos gratis por cuenta de la Agencia Tributaria? Oye, nos ahorraríamos una pasta en inspectores…

¡Al Consejo de Ministros del viernes que viene!

Dicho esto…

… aviso de que a mí me parece muy bien que se conciencie a la gente contra el cáncer, y que se recauden fondos para luchar contra él. Lo que deploro aquí es que, para llamar la atención sobre un problema acojonante, haya que hacer cosas estrafalarias y llamarte Mo Bro y no sé qué hostias más. Hablando de impuestos, a investigaciones contra el cáncer -entre otras cosas- debería dedicarse el dinero público que gilipollas de mierda, muchos del partido del mismo Montoro que ahora nos recorta (y muchos sociatas también, claro) han estado tirando a la basura con obras faraónicas, aviones para que los Presidentes del Gobierno vayan a mítines y demás chorradas. Así que nada de bigotes para mí este noviembre. Además, yo no soy nada de mostacho: mucha gente turbia a lo largo de la historia ha llevado bigote.

Confesad que esperabais a Hitler

– Deploreibol

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Un día más, una nueva mentira del Gobierno. Esta vez, a tomar por saco con la promesa de que no iban a subir el IVA. La colección de falsedades y compromisos ignorados durante estos (pocos) mesecitos de mandato de Rajoy empieza a ser ya muy larga. No es que otros lo hayan hecho menos, pero es que la velocidad a la que estos incumplen sus promesas electorales es verdaderamente increíble. Y yo lo atribuyo todo a la fórmula de juramento de los cargos.

Y es que cuando los ministros asumen su cargo tienen que pronunciar una fórmula absolutamente pasada, que no dice nada, recogida en un apolillado decreto de prácticamente el día después de la Transición. La fórmula es:

Juro (o prometo) por mi conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo de …………… con lealtad al Rey y guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, así como mantener el secreto de las deliberaciones del Consejo de Ministros.

Ya ves. Lo dices, te dan el cargo de ministro, y luego ya puedes dedicarte a hacer todo tipo de tropelías. Pues no debería ser así. El juramento debería ser tan recio que sólo pensar incumplir los compromisos que has adquirido para lograr tu cargo debería llenarte de acojono. Para arreglarlo, propongo unos sencillos pasos que en mi opinión conducirán a que los políticos se tomen en serio sus promesas. Ahí van:

1- Poder cambiar lo del Rey y la Constitución

Igual que a un tipo que asume su cargo le dejan elegir entre decir “juro” o “prometo”, en función de si cree o no en cosas sobrenaturales, también deberían dejarle cambiar el objeto de su promesa de lealtad y guarda. A ver, ¿a quién le importa jurar “lealtad al Rey”? ¿Qué es esto, el siglo XV? Y en cuanto a lo de “guardar y hacer guardar la Constitución”, menuda pamplina: un texto que se cambia con agostidad y alevosía de espaldas a la ciudadanía no suscita mucho respeto. Por eso, propongo que los aspirantes a ministro juren por cosas que de verdad les motiven, que les comprometan, que les hagan sentirse vinculados a su responsabilidad.

Juro por mi conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo de Ministro de Hacienda, con lealtad a Led Zeppelin, y guardar y hacer guardar la Canción de Hielo y Fuego como norma fundamental del Estado, así como mantener el secreto de las deliberaciones del Consejo de Ministros

Mejor. Así sí que se lo toma uno en serio.

2- Hay que incluir en la promesa que NO SE PUEDE MENTIR

Si te has pasado una campaña entera diciendo, no sé, que subir los impuestos es un rollo, que no vas a tocar las pensiones, que no vas a meter la tijera a sanidad y educación y que no vas a abaratar el despido, por coger unos ejemplos así, sin malicia, no puedes saltarte esas promesas, majo. Menos, si lo haces en cuatro meses. Así que la fórmula de juramento debería incluir una mención explícita a los compromisos electorales (y quitar la chorrada del secreto de las deliberaciones del Consejo de Ministros, que es una parida):

Juro por mi conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo de Ministro de Hacienda, con lealtad a James Tiberius Kirk y guardar y hacer guardar el Silmarillion como norma fundamental del Estado, así como no saltarme lo prometido en la campaña y no decir mentirijillas.

3- Incluir en la fórmula algún tipo de consecuencia si se incumple lo jurado

Está muy bien eso de jurar no contar trolas ni saltarse los compromisos, pero  ¿y si lo haces? Para que se te quede bien grabado a fuego en la mente que las promesas se cumplen, hay que incorporar a la propia fórmula las consecuencias de pasarse por el arco del Triunfo lo jurado. Que sea inmediatamente evidente que decir mentiras está castigado:

Juro por mi conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo de Ministro de Hacienda, con lealtad a SPECTRE y guardar y hacer guardar La Vida de Brian como norma fundamental del Estado, así como no saltarme lo prometido en la campaña y no decir mentirijillas, Y SI NO QUE ME SODOMICE UN MINOTAURO

Es muy importante, como en la foto, que el propio minotauro esté presente en la ceremonia, para que quede clarinete el alcance de las consecuencias.

Con estos sencillos retoques creo yo que podrás votar tranquilo, en la completa seguridad de que tu partido cumplirá estrictamente lo prometido tras llegar al poder. Como “bonus track”, después de la ceremonia de jura, se debería llevar al recién designado ministro ante alguna de las múltiples obras costosísimas e inútiles que adornan nuestra geografía, como el aeropuerto de Castellón o la Ciudad de la Cultura de Galicia, y DINAMITARLA ante sus ojos con el político que dio la orden de construirla dentro. Esto tendría la doble virtud de dejarle claro que todo derroche de dinero público supondrá la muerte, y además dará un aliciente a los ciudadanos para ir a visitar esas instalaciones, que ahora estan vacías y sin uso.

Por fin un buen motivo para acercarse a ver el Centro Niemeyer

– Deploreibol

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