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Lo deploro

Un tanque es la mejor solución.

Category Archives: Moda

¿Por qué entre interrogaciones? Porque esta vez tengo una duda,  y me interesa vuestro parecer. Resulta que he sido alertado de que puedo estar llevando unos crocs.

Esto son unas puñeteras crocs. No es lo que yo tengo, ojo; lo pongo sólo a efectos comparativos

Esto son unas puñeteras crocs. No es lo que yo tengo, ojo; lo pongo sólo a efectos comparativos

Esto es muy gordo para mí, porque no sólo me parece una prenda antiestética y deplorable, sino que la mismísima primera entrada de este blog es precisamente “Odio los crocs”; así que para mí la posibilidad de estar llevando crocs es una blasfemia. Yo digo que no son crocs; pero me dicen que sí. Juzgad:

Por cierto, mi primer 'selfie' (autofotografía que uno cuelga en internet, para los carrozas)

Por cierto, mi primer ‘selfie’ (autofotografía que uno cuelga en internet, para los carrozas)

Vamos, para nada son unos crocs; yo las llamo “chanclas acorazadas”. En mi descargo, diré que yo no me las compré: fueron un regalo. Además, no están hechas de plástico (a diferencia de los crocs), son muy cómodas y gracias a su suela tocha, valen para cualquier situación.

Por ejemplo, las combinas con un traje elegante, y ya estás listo para ir a la recepción del embajador

Por ejemplo, las combinas con un traje elegante, y ya estás listo para ir a la recepción del embajador

¿Qué os parece? ¿Son o no unas crocs? ¿Debería tirarlas a la basura por coherencia, o puedo mostrarlas al mundo sin vergüenza (por ejemplo, sacándolas en una de esas fotos de pies cruzados y texto pomposo que ponen los pedantes en twitter)?

"Aquí, en mi retiro de la #Toscana, leyendo a #Faulkner. Un saludo a todos los @gilipollascomoyo"

“Aquí, en mi retiro de la #Toscana, leyendo a #Faulkner. Un saludo a todos los @gilipollascomoyo”

Espero vuestras opiniones para salir de esta duda que me atormenta.

– Deploreibol

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Ahora que vuelve el frío y hay que desempolvar los ropajes invernales, quiero llamar vuestra atención sobre algunos abrigos que deploro profundamente. Da la casualidad de que son todos cortes a la inglesa, por lo demás una nación con un gusto irreprochable en moda. Quien sabe, quizá soy muy plebeyo y no aprecio la belleza de estas prendas, pero decidme si no tengo razón con estos tres horrores de la Pérfida Albión (los pongo en orden de creciente deplorabilidad):

1- EL ABRIGO ACOLCHADO

Es el que sería un abrigo o una chaqueta normales, si no fuera porque recuerda a un colchón. Tan sencillo, y tan horrible, como eso.

Y me diréis: “eh, a ese chico no le queda tan mal el abrigo”. Ya, pero da la casualidad de que este chico es modelo, y está vendiendo esta prenda para su cliente natural: el muchacho JASP que va por la calle con los papeles del trabajo y el móvil así en la mano, porque está en el distrito de negocios de la ciudad, y va a cruzar la calle que separa la consultora internacional en la que trabaja de su agente de bolsa. En ese extraño ambiente, a lo mejor un abrigo que recuerda a un colchón es estético. En el planeta en el que vivimos el común de los mortales, esta prenda dejó de ser ‘lo más’ hacia la época de la Tercera Cruzada.

“¡Carlomagnín, haz el favor de quitarte eso, que pareces un lombardo! Este crío nunca llegará a nada…”

En general, desaconsejo todo tipo de vestimenta acolchada. Son las típicas prendas que le hacen formularse a tu interlocutor extrañas preguntas en su cabeza, como por ejemplo si tienes un nido de ardillas dentro de tu camisa…

Si la respuesta es “sí”, lo lleva con encomiable resignación

2- EL ABRIGO TIPO BARBOUR

Vamos a ver, porque como no hay forma delicada de decir esto, tengo que ponerlo así, a capón: este abrigo APESTA. El algodón ése tratado con ceras especiales será cojonudo para soportar las inclemencias del tiempo y de las plantas espinosas del boscaje británico, pero huele… huele… ¿Cómo describirlo? Vamos a intentarlo.

Imagínate la tienda de campaña en la que vivía Gengis Khan, hecha de pieles de carnero sin curar. Imagínate que un día llueve y esa tienda se cala. Imagínate que los lacayos del general mogol la desmontan y la van a meter en su caja así, sin secarla antes, pero entonces el Gran Khan les detiene: tiene un picor en sus magníficos genitales. Imagínate que el gran Gengis se pasa entonces esa tela de tienda húmeda por la entrepierna para aliviarse el escozor, y entonces dice “guardadla”. Imagínate esa tela basta mojada y genitalizada macerando durante ochocientos años en una caja. Imagínate que un día, en un desván, te encuentras esa caja olvidada y la abres, respirando a pleno pulmón. PUES ASÍ HUELEN ESTOS ABRIGOS.

Tan lejos, y a la vez tan cerca

Quizá la teoría que defiende que muchos de nosotros somos descendientes de Gengis Khan explique por qué se tolera este tipo de hedor en las sociedades presuntamente civilizadas: oler un abrigo de estos nos trae una memoria ancestral de nuestros antepasados, concebidos cuando el pueblo mogol extendía junto con su imperio, su semilla (ejem). Pero el caso es que, especialmente en un día de lluvia, estar al lado de un tipo que lleva este abrigo es un espanto. Otra cosa es si te gusta o no el corte. A mí no, por cierto.

Dos actividades que no me pillaréis haciendo: cazar y llevar un abrigo que huele a tela mojada y a huevos de Gengis Khan

3- EL ABRIGO DE SOLAPAS

Éste es el que se lleva el gordo. De nuevo, me faltan palabras para describirlo. Les advertimos de que la imagen que viene a continuación puede dañar su sensibilidad estética:

Oye, es que esta lo tiene todo: cortita, estilo torero; acolchada y… Dios… las solapas ¡Las solapas!

Vamos a ver ¿Para qué sirve esto? Siendo tan corta, no protege del frío ni ná, y… ¡Las solapas! ¿Para qué son? Al principio pensé que estaban inspiradas en los chalecos salvavidas o algo así (rollo británico, tributo a la Royal Navy y tal), pero cuanto más vueltas le doy más pienso que tiene que ver con el rollo este de Crepúsculo. Me explico. Ahora triunfan las novelitas éstas de vampiros sensibles que les gustan a las quinceañeras. Son como los vampiros, pero quitándoles todo lo que les hace interesantes: la sed de sangre, el atractivo sexual, la aversión a la luz… Y en un esfuerzo más por bastardizar todo lo vampírico los modistos, inspirados por los libracos éstos, han cogido la tradicional capa (con sus buenas solapas) y la han metrosexualizado en esta birria de chaquetilla. ¡Qué profanación! ¿Qué dirían los clásicos: Bela Lugosi, Christopher Lee…

…Brácula (also starring: Bigote Arrocet, as Jaime de Marichalar)

Nada. Que no me veréis a mí con uno de estos abrigos, hombre. Por cierto, para el que le interese el último, es de Burberry y está a muy buen precio: sólo 1.595 euros. Me los quitan de las manos, doña.

– Deploreibol

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Con la llegada del buen tiempo, el personal saca del fondo del armario la ropa de temporada de verano y, con ella, alguno de los horrores más perturbadores alguna vez diseñados. Entre otros, esas horribles, horribles chanclas puestas de moda hace algunos años y que no parecen irse nunca: las (¿los?) crocs.

¿Por qué? ¿Por qué alguien querría ponerse estos espantos plásticos? Sudor de pies y plástico… ¿Son acaso cómodas? ¿Aunque fueran cómodas, qué hay de tu reputación? ¿Te gustaría que tu hijo fuera visto con unos crocs? ¿Por qué este señor se casa con crocs?

Nótese que su vieja también lleva crocs

En verdad, la humanidad está condenada a repetir sus errores. Caemos siempre en los mismos pozos, aunque creamos que nunca repetiremos en el horror: Todo esto ya nos pasó otra vez, en los ochenta, cuando estábamos sometidos a la tiranía de las cangrejeras. Vaya basura las cangrejeras, que incómodas y espantosas eran, y cómo se llenaban de arena por dentro que te rozaba inmisericordemente la piel.

No puedo entender cómo, por estética o por comodidad, alguien pueda llevar esa pesadilla en sus pies. Yo comprendo que, al que se gane la vida cazando cangrejos, le pueden resultar útiles las cangrejeras, para andar por las rocas y tal. Pero ni siquiera las mejores cangrejeras te pueden proteger de los peligros de esa profesión…

Por eso, amigo, di ¡NO! ¡Yo no seré visto con cosas de estas en mis pies! Seguiré llevando zapato, o zapatilla, o como mucho una sandalia o una chancla. Porque, como dijo Sartre…

– Deploreibol

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