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Lo deploro

Un tanque es la mejor solución.

Category Archives: Comida

Este invento reciente de que los bares ofrezcan, en vez de cañas, cubos con hielo y botellines dentro me pone de los nervios.

El abrevadero

El abrevadero

La idea es (supongo) dar bebida a un precio más económico, ofreciendo a la vez la posibilidad a los clientes de administrarse a sí mismos (“yo me tomo 3 y tú 2, y al cubo siguiente hacemos al revés”), pero no le encuentro yo ventajas, sino más bien inconvenientes:

**** LOS JÓVENES: En cuanto un sitio ofrece cubos, de inmediato se llena de jóvenes dieciochoañeros con diez euros en el bolsillo que se pasan tooooda la tarde ahí sentados, bebiendo cerveza, hablando a gritos y diciendo gilipolleces. Yo ya estoy muy mayor para aguantar ese tipo de escenarios: qué quieres, no me gusta estar tomando algo tranquilamente mientras en la mesa de al lado la Yoli le grita al Richard que de qué va. Además ¿qué es esto de que los jovenzuelos vayan a bares? Yo, cuando era muchacho, tenía la decencia de comprar unas litronas y hacer botellón, en vez de ir a los sitios a molestar a los no tan jóvenes que se están quedando calvos, hombre.

¿No os he contado de cuando era joven? Estaba haciendo la ili en Flandes cuando los calvinistas atacaron Bolduque...

¿No os he contado de cuando era joven? Estaba haciendo la mili en Flandes cuando los calvinistas atacaron Bolduque…

**** LAS TAPAS. En muchos de estos sitios, con el cubo te traen una tapa. Como todo el invento cuesta 5 euros, la tapa te puedes imaginar lo buenísima que está. Este es el problema de llenar los sitios con jóvenes dieciochoañeros: como no tienen discernimiento, les sirven cualquier bazofia y encima les parece estupendo, una gran cortesía por parte del local.

Surtido de ibéricos

Surtido de ibéricos

Por cierto, esto me lleva a lo más importante…

**** LA HUMILLACIÓN. Es que es aquí donde está el fondo de la cuestión: que te den las cosas metidas en un cubo ¿Pero qué cojones es esto de servir a humanos la bebida dentro de un cubo? ¿Qué somos, vacas? ¿Qué va a ser lo siguiente?

"¿La tapa de alfalfa la quiere también en cubo, o la comerá el señor directamente del suelo?"

“¿La tapa de alfalfa la quiere también en cubo, o la comerá el señor directamente del suelo?”

Por todo esto, odio el invento de los cubos de cerveza. No sé quién lo ideó, pero desde luego la cadena de cervecerías que hace del cubo su estandarte parece ser “La Sureña”. Y tal ha sido su éxito que miles de bares están copiando su fórmula hasta extremos insospechados. Y cuando digo insospechados me refiero no sólo a ofrecer cubos, o incluso a calcar la decoración con azulejos propia de esa cadena; se llega incluso a forzar los límites del copyright buscando nombres para el garito que se acerquen a esa peculiar prosodia que tiene “La Sureña”…

Te lo juro. Calle Carrera de San Jerónimo, en Madrid

Te lo juro. Calle Carrera de San Jerónimo, en Madrid

– Deploreibol

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Ya hemos hablado en otras ocasiones en este blog de los males del márketing, pero nada como encontrarte un ejemplo palmario delante de las narices como para reinflamar la antorcha del odio. Ayer mi cena iba a consistir en una ensalada que -según las letras de gran tamaño del envoltorio- tendría que destacar por ser “ligera”.

Ligerísima

Vamos, digo yo

Ya es un poquito raro que algo que dice ser ligero incluya “York & Queso” (obsérvese el sofisticado “&” en lugar del vulgar “y”). Pero es que cuando abres el paquetillo te encuentras que los tropezones que te incluye la ensalada son, ni más ni menos, que jamón york, queso, curruscos de pan y maíz.

Comestibles

Debajo está la lechuga, no te creas

Oye, que a mí me da igual que la ensalada sea ligera o no, pero si pones “ligera” así, a lo bestia, en la tapa… ¿no podríamos haber escogido otros tropezones? Repasemos la movida poco a poco (nota: no tengo ni idea de calorías ni de esas cosas, así que probablemente meta la gamba. Ya sabéis que para eso están los comentarios, para meterse con el autor del blog cuando éste hace patente su ignorancia).

Maíz

Dicen por ahí los obsesionados por las dietas que comer maíz no es precisamente lo mejor que uno puede hacer para adelgazar. La verdad es que no tengo ni idea, aunque si tuviéramos que juzgar a partir del hecho de que de un pequeño grano de maíz puede salir una planta de este porte…

...comer un grano de maíz tiene que tener las mismas calorías que el Big Bang

…concluiríamos que un grano de maíz tiene que tener las mismas calorías que el Big Bang

No lo sé. Mirando un rato por internet unos dicen que engorda y otros que no es para tanto. Yo cuando hice mi particular dieta tomaba a veces las ensaladas con maíz y perdí bastante peso, pero no sé si gracias al maíz o a pesar de él, tú.

York

Vamos a analizar esto con método. El jamón de York viene del cerdo. El cerdo es un animal conocido por su esbelta figura, por su atractiva complexión, por su línea felina, por su gracilidad y desenvoltura…

De ahí el famoso ballet de Tchaikovski, "El lago de los cerdos"

…de ahí el famoso ballet de Tchaikovski, “El lago de los cerdos”

Hombre, pues probablemente hubiera sido mejor poner taquitos de pavo.

Queso

El consenso universal parece inclinarse a favor de que el queso engorda. A mí que no me vengan con estudios raros de esos que saca la prensa británica. Aquí los de Florette se han caído con todo el equipo: poner en una etiqueta que una ensalada es ligera y llenarla de queso es una estafa como no ha visto nunca antes la humanidad.

Aunque pensándolo bien...

Mejorando lo presente

Pan

Pan, macho. Pan. Me quedo sin palabras. En una ensalada ligera NO puede haber pan. Si lo del queso es un timo equiparable a la engañifa de animar al pequeño ahorrador a comprar acciones de Bankia, no sé yo ya con qué comparar el llamar a una ensalada “ligera” a la vez que la acompañas de pan. Francamente, toda comparación se queda corta ante tan monstruosa estafa, ante una mentira de tal calibre, ante tan apocalíptica falsedad, ante…

Oh

Oh

Hecho el repaso por los ingredientes, la verdad es que comprendo en cierta manera a los de Florette. ¿Cómo vas a llamar a tu ensalada, “bomba calórica”? Es poco pegadizo. Por otro lado, hacer una ensalada verdaderamente ligera, utilizando los típicos ingredientes coñazo de dieta, da lugar a un producto que te quita completamente las ganas de comerlo. Incluso de existir.

Vivir así no merece la pena

Vivir así no merece la pena

Pues la solución es poner a tu ensalada con pan y queso algún nombre trivial, que no diga nada, tipo “Ensalada Delicia”; o buscar algún país que no esté asociado a ninguna ensalada y encalomarle el invento. Es decir, “ensalada alemana” no vale, que es algo que ya existe, pero ¿y “ensalada kazaja”?

No van a venir desde la estepa a quejarse, tú

No van a venir desde la estepa a quejarse, tú

Lo dicho, que no es que me moleste la ensalada (estaba buena), pero sí el rollo de que te cuelen como light una cosa que, francamente, no lo es. Márketing… te odio.

– Deploreibol

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Hace unos minutos era más feliz, porque no conocía la existencia de los food stylists. Me he enterado de que hay una profesión con este nombre gracias a S Moda, un suplemento de El País que sábado tras sábado me resta algo más de esperanza en la especie humana, porque está lleno de gilipolleces. La obsesión de esta revista es demostrar que la moda es algo más que una banalidad y, claro, fracasan miserablemente semana tras semana.

En el número de la semana pasada venían a decir que la moda está ayudando a Japón a recuperarse del tsunami y de Fukushima. Si esto lo dices en las calles de Tokio, según la ley japonesa, cualquier ciudadano puede partirte en dos con una katana y, en vez de juzgarlo, le ponen una medalla.

La chorrada de esta semana es una columna titulada ¿Qué es un ‘food stylist’? (no he podido encontrarla por Internet, así que transcribiré a pedal algunos párrafos). Bueno, pues según la autora, que confiesa ser eso, son “los encargados de preparar la comida para las fotografías de libros de cocina o revistas, los anuncios de televisión” y demás. “Son responsables de crear platos que alimenten la vista haciendo que la boca se haga agua”. Hasta ahí, bien; chorra, pero nada ofensivo.

Ahora viene lo bueno: “Por ejemplo, podrían sustituir la leche cuando se fotografían cereales por cola blanca de carpintero, echar polvo de aspirina al champán para lograr una efervescencia extra […] y mil trucos más”. O sea, su profesión no solamente pasa por engañar -del inglés márketing– sino que son directamente responsables de la frustración de miles de personas que intentan que los platos que cocinan les salgan como en las fotos del libro, para fracasar una vez tras otra.

Esto está hecho con mierda, anticongelante, Ajax Pino y uñas de orangután pintadas de naranja

Qué estafa. Cuántas veces me habrá pasado a mí ponerme a hacer una receta curradísima para encontrarme después con un resultado decepcionante. Coño, si llego a saber que todo es humo y espejos me habría tomado mis fracasos culinarios con mejor humor.

Un poco de 'food stylism', y como Oriol Balaguer

Total, que no sabemos cuantas decepciones, disgustos y carreras de cocinero frustradas son responsabilidad de estos farsantes de los ‘food styilists’ (¡cómo odio ese nombre!), pero probablemente muchas. Pero atención, que viene otra gilipollez en esa misma columna: “Ahora la tendencia es cocinar alimentos frescos y fotografiarlos al momento para captar sus jugos y sus colores naturales”. Muy interesante, pero ¿naturales? ¿no acabas de decir que hay miles de trampas ARTIFICIALES (aspirina, cola de carpintero) para que las cosas parezcan mejor de lo que son? Ya no me creo nada. Por otro lado, tiene cojones que la última tendencia sea hacer fotos a la comida nada más cocinarla. ¿Y qué se hacía antes?

Se ve que los 'food stylist' de la vieja escuela hacían fotos a la comida cuando estaba putrefacta. Ah, los primeros e ingenuos pasos de una profesión.

Bueno, ¿que quieres ser ‘food stylist’? Pues ya sabes las claves del oficio: utiliza cosas venenosas para simular comida, y hazle fotos a las cosas cuando estén recién hechas, o mejor dicho, si vas a usar cola de carpintero, cuando estén recién ensambladas. La columna ni lo menciona, pero supongo que después de todo ese esfuerzo de bricolaje, a las fotos se les dará también una manita de Photoshop o dos para que cualquier parecido con la realidad sea coincidencia.

Poca gente lo sabe, pero lo que terminó siendo "Avatar" empezó como la foto de un 'food stylist' a un potaje de garbanzos

– Deploreibol

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Parece mentira que en un país con tantas cafeterías como España haya tan pocas que se adapten a mis gustos. Y no es que tenga yo una sensibilidad muy especial; vamos, al menos eso creo.

A ver si el raro voy a ser yo

No, lo que pasa es que el 99% de las cafeterías españolas incumple alguno de los Requisitos Deploreibol Para Disfrutar De Un Café En Paz (RDPDDUCEP). Y mira que son de sentido común, como diría Rajoy, pero aún así:

1- Nada de música

Rápido ¿Qué tienen en común Kiko Veneno, Jarabe de Palo, Camela y Oasis? ¿Cómo? ¿Que todas sus canciones son iguales entre sí y que son un coñazo? Bueno, eso también. Pero la respuesta que buscaba en este caso es: que si me apeteciese oírlos, ya me los pondría yo en mi MP3.

Es decir, si me apeteciese la eutanasia, ya me pondría yo esto en el MP3

La música en las cafeterías, sobre todo cuando está a toda leche, es un atraso. Oiga, que ya no hace falta, todo el mundo lleva encima un trasto para escuchar sus canciones predilectas. Y si no lo llevan puesto, será porque les apetece leer, o conversar con la persona con la que han venido; no oír la selección musical que le gusta al dueño del garito.

Ni siquiera estos señores pueden aguantar una canción más de Serrat y Sabina

2. No a la bollería industrial

Yo comprendo que es imposible que en todas las cafeterías del mundo te pongan los bollos más ricos del mundo, hechos a mano esa misma noche en el mejor obrador del planeta, amorosamente dorados al calor del horno de leña. Pero una cosa es eso y otra es ese asqueroso cruasán de factoría, hecho con engrudo, cartón y ejemplares viejos del diario “Arriba”, con esos repulsivos pegotes de azúcar que parecen pegamento, que te ponen por sistema en las cafeterías. Y la preguntita: “¿lo quieres así, o a la plancha?”. Pero vamos a ver ¿cómo me voy a tomar ese horror a palo seco? Páselo por la plancha, hombre, a ver si mezclado con mantequilla se hace más o menos tragable. Es una pregunta hasta ofensiva.

"La ternera, ¿la quiere así, o se la paso un poco por la plancha?"

3. Horarios de apertura constantes

No entiendo una cosa que les pasa a muchas cafeterías: que abren cuando le viene en gana al dueño. Si uno de los momentos más importantes del día para el negocio es el desayuno, habrá que abrir todos los días a una hora fija para que la gente que pasa sepa a qué atenerse. No tienen que ser las seis de la mañana. Pero si en el cartelito que tienes a la entrada pone las 8:30, que no sean las 8:50. Y, por el amor de Reorx, cuando abras ten ya todo en orden: no hagas como ciertos sitios, en los que empiezan a atender al personal mientras todavía pasan la fregona con la lejía. Qué agradable, tomarte el primer café del día mientras respiras amoníaco.

Olor a amoníaco, un dibujo satánico en mi taza... comienza el día en la cafetería del Ministerio de Economía

– Deploreibol

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Quizá “odio” sea un poco excesivo; me explico. No sé a ti, pero a mí me gusta disfrutar de mi comida. Eso implica masticarla en paz, dedicando toda la mandíbula a triturarla, sacándole el juguillo. Vamos, estar tranquilo mientras se come; es pedir poco, creo. Bueno, pues hay por ahí una categoría humana que se dedica a reventarle a uno este momento: los que, cuando te ven comiendo, se paran para decirte “que aproveche”.

Pobres, ya sé que lo hacen con buena intención, pero oye, es molesto. Sobre todo porque parece que se conjuren para decírtelo justo en el peor momento, en mitad del mordisco. Te ponen así ante la imposible disyuntiva de no contestarlos, y quedar como un maleducado, o decirles “gracias”, que se convierte en una desagradable experiencia visual y auditiva: un grotesco sonido, “grmmramchias”, acompañado del despliegue de todo lo que tuvieses en el interior de tu boca en ese momento.

“Espera… espera… todavía no… espera a que muerda… ¡Ahora, ahora! ¡Eh, Pepita! ¡¡¡¡¡QUE APROVECHE!!!!!”

Digámoslo claro: una persona que te obliga a quedar como un ingrato o como un cerdo no es tu amigo. Además ¿qué es eso de desear a una persona que le aproveche lo que come? Es innecesario, se da por supuesto que una persona con un mínimo de humanidad desea a un prójimo que le siente bien lo que está comiendo. Lo destacable, lo llamativo, sería lo contrario: transmitirle tu esperanza de que la comida le siente mal. En ese caso sí veo justificada una interrupción:

“¡OJALÁ TE SE ROMPA EL DUODENO Y REVIENTES, CARAPIJO!”

Así que, agradeciendo la intención, hago desde aquí un llamamiento a los que dicen “que aproveche”: la forma más fácil de lograr que alguien disfrute de su comida y le siente bien es no importunarle mientras mastica.

En ese caso, QUE APROVECHE

– Deploreibol

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¿Habéis leído La Herradura Dorada, de Hammett? ¿No? Pues cuando terminéis de leer este post, corriendo a la librería.

Lo digo porque, en la novela, el detective prota -un tipo duro y sardónico que siempre tiene el chascarrillo más adecuado en los labios- se pasa por un bar en el que hay un cartel que dice:

AQUÍ SÓLO SE BEBE AUTÉNTICO WHISKY AMERICANO Y BRITÁNICO DEL DE ANTES DE LA GUERRA

Y piensa él: “estaba tratando de contar cuántas mentiras había en esa frase, y llevaba ya cuatro, con posibilidad de encontrar más, cuando…”

Sigue el libro, que está muy bien y debéis leer. Lo saco a colación, porque hoy me ha pasado lo mismo leyendo un cartel del “Café y Té”:

“Aquí sólo se comen calorías que no necesitas” no quedaba tan pegadizo

Rápido, dime cuatro comidas que te parezcan buenas, sanas y variadas. ¿Ya? ¿Has dicho “helados, smoothies, tortitas y brownies”? Enhorabuena, tienes un puesto de trabajo esperando por tí en el “Café y Té”. Ahora bien, no me gustaría estar en el lugar de tu sistema cardiovascular cuando, con un último quejido, como una locomotora de vapor que se queda sin carbón, se detenga porque tienes tapones de colesterol del tamaño de monedas de céntimo en tus venas.

Uno de tus leucocitos, acojonado

¿Quién es el autor de esta campaña? ¿Es un genio? ¿Es un demente?

– Deploreibol

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