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Lo deploro

Un tanque es la mejor solución.

Como es obvio, este post no va de risas.

Hay una deplorable costumbre en la prensa española, puesta de moda después de que el New York Times hiciese sus famosos perfiles de muchos de los muertos por el 11S, de hacer una semblanza en sus páginas o telediarios de las víctimas de cualquier catástrofe o tragedia. Lo estamos viendo otra vez con el accidente de Santiago. Me parece una costumbre antiperiodística e inhumana.

"Portraits of grief", del NYT, luego recogidos en libro

“Portraits of grief”, del NYT, luego recogidos en libro

Antiperiodística, porque se supone que uno va a las páginas de los periódicos o a los diarios de radio o TV para salir más informados, con una visión más completa del mundo en el que vivimos. Y recoger los testimonios de víctimas de una catástrofe no nos da nada de eso; es morbo barato.

Los perfiles que se trazan de las víctimas son todos iguales, ensombrecidos por la tragedia, porque eso es lo único que los convierte en noticia. Así, siempre nos encontramos con siluetas huecas, trazadas con datos biográficos dispersos (“25 años”, “acababa de terminar su carrera”); siluetas que se rellenan con el carboncillo negro de la catástrofe (“iba a visitar a sus padres antes de irse de vacaciones”), e incluso con testimonios de amigos y familiares (“no puedo creer que no le vaya a volver a ver”). Cero información útil para un ciudadano en todo esto.

Inhumana, porque para hacer esto tan poco informativo, hay que hostigar a conocidos y parientes de las víctimas cuando apenas se han hecho a la idea de la muerte de su ser querido. Esto es, sin excepción, una tarea muy desagradable tanto para el interrogado (aunque experimente cierto consuelo al hablar públicamente de su ser querido, cosa que también sucede) como para el periodista (que va a meter el hocico donde nadie le ha llamado). Eso, si quitamos a los reporteros sin escrúpulos que buscan la lágrima fácil del deudo en directo, aguijoneado por los directivos sin escrúpulos de sus cadenas, que saben que esto les da más audiencia.

No me entra en la puta cabeza cómo, después de repetir este proceso con todas y cada una de las tragedias que han sucedido en España desde el 11M, no empezamos ya a pasar esta triste página del periodismo español. La historia del familiar al que le habían dicho que su pariente estaba bien, y luego se entera de que ha muerto; el hombre que dice que cambió los billetes en el último momento y que “ha vuelto a nacer”… Todas las hemos oído 300 veces; normal, porque es normal –esto es, NO NOTICIA- que estas cosas pasen cuando hay una catástrofe que afecta a muchas personas.

No hay nada en la biografía de las víctimas del accidente de Santiago que las haga noticiosas. Son, sencillamente, gente que estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado, y cuyas familias –por tanto- merecen pasar su dolor sin que nadie vaya a perturbarlas.  Insisto: periodísticamente, nada justifica indagar detalles sobre sus vidas, porque nada aportan a lo que ha sucedido; humanamente, es execrable molestar a sus conocidos en este momento.

Esto es una regla que debería aplicarse siempre en los casos de catástrofes naturales (en las que nadie tiene la culpa) o en los accidentes (en los que, si la culpa es de alguien, no ha tenido intención de causar víctimas). Si es una negligencia, si podría haberse evitado… son temas que no tocan para nada a las biografías de las víctimas. Otra cosa es cuando las víctimas lo son porque alguien ha tenido intención de ir contra ellas (el caso más claro es el del terrorismo). Aquí sí puede tener interés investigar sobre las víctimas, si eso aporta material para esclarecer qué y por qué ha ocurrido (siempre evitando las cosas morbosas, que por definición nunca aclaran nada y enturbian todo).

En resumen, que no me parece buen periodismo eso que se está haciendo de ir a los pueblos de las víctimas a hablar con amigos y familiares: es sensacionalismo. ¿Cuándo hay que hablar con amigos, familiares y conocidos? Pues no se me ocurre mejor ejemplo que la reciente –y polémica, para algunos chorras- edición de la Rolling Stone de Estados Unidos con su artículo sobre sobre Dzhokhar Tsarnaev, uno de los presuntos terroristas de la maratón de Boston: un trabajo buenísimo, conseguido a base de entrevistar a familia, amigos y conocidos, de por qué este muchacho, que parecía ser un americano normal e integrado, fue virando hasta el punto de ser el principal sospechoso del atentado. Esto sí es de interés informativo. Vamos, digo yo.

rolling-stone

¿Se ve la diferencia de cuándo sí y cuándo no?

Cojones ya con el puto periodismo español.

– Deploreibol

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