Skip to content

Lo deploro

Un tanque es la mejor solución.

Una herencia de los tiempos pre-telefonía móvil que pudo tener su cosa, pero que ahora se ha convertido en una molestia y un coñazo: las tarjetas profesionales.

"Lo resolvimos todo". Debe ser la tarjeta de Montoro

“Lo resolvimos todo”. Debe ser la tarjeta de Montoro

Una forma como otra cualquiera de llevar la cartera llena de papelotes, anticuada desde que cualquier teléfono es capaz de archivar unos 2.500 millones de datos de cada uno de los contactos que tienes en la agenda, la tarjeta todavía sigue denotando cierto estatus entre las compañías más rancias de la Tierra. Y como estamos en España, tierra de ranciedumbre, te encuentras con una de éstas cada dos por tres. Las odio por estas razones:

1- No suelen tener información relevante

Vamos a ver ¿Qué información suele llevar la tarjeta? El nombre de la persona. La compañía para la que trabaja. Su cargo en la antedicha compañía. Sus datos de contacto. Bien, pero ¿qué datos de contacto? Normalmente -alucina,vecina- un TELÉFONO FIJO y un… me da corte decirlo en el siglo XXI… un FAX.

Ahora que lo pienso, igual lo de "Tel." es por "telégrafo"

¿Operadora? Dice el fax que Jruschev ha movido sus tanques hacia Alemania Oriental ¡Páseme con el Kremlin! Sí, espero…

WHAT. Fax, teléfono fijo… y normalmente ni rastro de un móvil o de un correo electrónico. ¿Por qué? ¿Será posible? Lo del fax es de nota, pero ¿sólo el teléfono fijo? Hombre, yo entiendo que en su momento fuese suficiente…

... pero ahora como que queda un poco escaso

… pero ahora como que queda un poco escaso

Esto lo sobrecompensan los modernis que se hacen tarjetas atiborrando las suyas de información, añadiendo en ellas cosas como su facebook o su twitter cosa que, por algún motivo, me repatea también. Algunos nunca estamos satisfechos.

2- No tengo tarjeta, y a mucha honra

Nada me jode más que me den una tarjeta y se queden con la mano extendida, esperando que yo les dé una. Y cuando les dices “no tengo tarjeta”, te miran así como con conmiseración, como si fueras un mindundi, una persona de nivel y sofisticación insuficientes como para que en la compañía le consideren digno de llevar un trozo de cartón coloreado con su teléfono. Pues oye, imbécil, no tengo tarjeta no porque no sea un mindundi -que lo soy- sino porque vivo en el siglo XXI y ya no me hace falta.

Después de darte su tarjeta normalmente se van en su coche, tan ufanos

Después de darte su tarjeta, suelen irse en sus coches, tan ufanos

3- ¿Dónde las metes?

Y luego, cuando ya llevas la cartera llena de tarjetas de éstas, que te va a estallar por las costuras ¿dónde las metes? Aquí entra el trasto más contraintuitivo, aparatoso, incómodo e inútil de la historia humana: el rolodex.

Así vivíamos antes de la internet

Inspirado en las máquinas de tortura de la Inquisición

Ruidoso, funciona a tirones, cada vez que sacas una tarjeta se te caen cuatro… Vamos, eso, o yo no lo sé operar, que también es posible. La alternativa: un tarjetero, en el que metes todas las tarjetas que tienes a barullo, multiplicando el tiempo necesario para encontrar la tarjeta de la persona a la que quieres localizar, a la que en todo caso no vas a poder encontrar porque en su tarjeta sólo pone su fax y su teléfono fijo.

4- Las originales

Bueno, ya te has hecho a tu rolodex, o ya controlas tu tarjetero, y vas a meter una tarjeta… para descubrir que no te entra, porque los negocios modernos van y hacen tarjetas originales, de tamaño no estándar, con el objetivo de impresionar a posibles clientes, o qué se yo qué. Total: tu tarjetero cuidadosamente organizado no vale para nada, porque  tienes que tener otro sitio en el que guardar las tarjetas de los especialitos que no hacen las cosas normal.

La verdad es que con algunas te partes la picha

La verdad es que con algunas te partes

Que no, que no me van a convencer aunque las camuflen como si fueran deliciosas lonchas de lomo. La tarjeta es un atraso. Y ahora me ha dado hambre, encima.

– Deploreibol

Tags: , , ,

%d bloggers like this: