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Lo deploro

Un tanque es la mejor solución.

El otro día me pasó una cosa que hacía tiempo que no me ocurría y que me revienta: hablando sobre un tema, mi interlocutor me dijo que había un libro muy a la sazón de lo que estábamos hablando que me iba a gustar y que me lo iba a traer. No me apetecía nada, pero como estas amenazas no se suelen cumplir, me quedé tranquilo. Pero no contento con amagar, al día siguiente fue y me lo trajo. Ahora, de vez en cuando, me pregunta “¿qué tal el libro?”, con lo que me veo obligado a sonreír e inventarme alguna cosa, porque a pesar de que lo he intentado es que NO ME APETECE NADA LEER EL PUÑETERO LIBRO.

No quiero parecer ingrato, pero el presumir que a otra persona le gusta un libro y además traérselo es una imposición acojonante. Es obligarle a dedicar tiempo (cuanto más gordo, más) a una actividad que puede no gustarle nada. Vamos, es como encalomarle un trabajo tedioso, solo que sin pagarle un sueldo a cambio.  ¿Le harías tú esa cabronada a un amigo?

“Oye, como somos tan colegas, te voy a imponer la obligación de cavar una zanja acojonante. Y que sepas que después de dedicar 8 horas a esta ingrata tarea no voy a tener la decencia ni de invitarte a una caña. ¡Que lo disfrutes, amigo!”

Por mi experiencia la lectura es una cosa muy íntima, que depende no sólo de tus gustos objetivos, sino de lo que te apetezca leer en cada momento, lo que complica muchísimo las posibilidades de dar en el clavo al prestar un libro. Así que, por ejemplo, a un fanático de Nietzsche le puede dar por leer en un momento dado las novelitas éstas de vampiros de Crepúsculo. Parece raro, pero es posible.

Después de todo, el propio Nietzsche escribió un fanfic sobre las aventuras de Edward y Bella

Así que no hay que conocer sólo qué  le GUSTA leer a una persona antes de enjaretarle un libro, sino también qué le APETECE leer. Muy poca gente tiene el suficiente grado de intuición necesario para acertar hasta ese nivel incluso con un amigo muy cercano, así que por eso yo procuro no dejar libros si no me los piden, y si lo hago desde luego no voy hostigando al receptor cada dos semanas con un “¿qué tal vas con el libro?”

“Pues oye, muy bien, me está resultando de lo más entretenido”

– Deploreibol

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