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Lo deploro

Un tanque es la mejor solución.

¿A quién no le gusta la literatura de crímenes? Pues estaba yo ayer leyendo al efecto una publicación del Banco de España y me encontré con este repugnante, asqueroso término: granular. La publicación es ésta, la página es la 6 y el texto éste:

El objetivo de este primer ejercicio de carácter agregado era ofrecer una cifra de capital global para el conjunto del sistema bancario español. Se trataba de un análisis top-down, en la medida de que la información utilizada permitía realizar una estimación suficientemente precisa para el conjunto del sistema bancario, pero no era lo suficientemente granular como para poderlo hacer individualmente.

Está claro que el que escribió esto no sabe bien cómo se usa el español (“poderlo hacer”), pero así y todo se me escapa por qué no utiliza otra palabra que no sea “granular”. ¿Qué tal “detallada”, bobo? Un término normal, no uno vomitivo, que le trae a uno a la mente un montoncillo de repulsivos granos. Porque eso es lo que quiere decir “granular” en español.

Está claro que los amigos del Banco de España quieren imitar a sus colegas americanos e ingleses, que utilizan este término, propio del análisis científico, para darle una pátina de respetabilidad a esa disciplina mitad casino mitad ideología que es la economía. Aunque… pensándolo bien, quizá “granular” sea  un término apropiado para el sistema financiero español. Sí, después de todo “granular” define a la perfección lo que sucede con los bancos y con su supervisor en este país.

Bankia

También “granular” encaja como un zapato inglés hecho a medida, de los que llevan los banqueros españoles gracias a los impuestos de los contribuyentes, a la hora de describir algunas de las estatuas que decoran la fachada del propio Banco de España. Porque decidme qué es este puto horror sino una escultura granular.

El equivalente escultórico a usar una imagen en baja resolución

En todo caso, el Banco de España podría centrarse en hacer las cosas bien en vez de usar palabritas exóticas en sus textos. Hablamos del principal responsable -como supervisor de los bancos españoles- de la desastrosa situación económica en la que nos encontramos. Y no sólo hace mal lo que tiene que hacer, sino que además mete las narices donde nadie le llama, y siempre para joder al ciudadano: aplaudiendo la reforma laboral y desaconsejando mantener el poder adquisitivo de las pensiones. Y luego tiene cagadas de las que hacen época, como vender buena parte de sus reservas de oro cuando el precio está por los suelos: una pasta gansa que hemos perdido.

Para redondear, podrían haber invertido las ganancias obtenidas en unos chalecitos de los que hizo el Pocero

– Deploreibol

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