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Lo deploro

Un tanque es la mejor solución.

Qué razón tiene el juez Pedraz con eso de que la clase política está en decadencia. Y la clase judicial, se podría añadir, pero bueno. Inspirado por las palabras de este magistrado, he decidido comenzar una serie, que como todas mis series durará una o dos entregas, en la que compararé políticos antiguos con los actuales para demostrar como esa decadencia no sólo es cierta, sino que es tan palmaria y evidente que dan ganas de vomitar. Y para empezar, hoy vamos a contrastar a dos políticos muy de su tiempo: Lucio Junio Bruto, que liberó a Roma de la monarquía, y José Manuel Castelao Bragaña, que opina que las leyes son como las mujeres: están para violarlas.

LUCIO JUNIO BRUTO

Lucio Junio Bruto era sobrino del rey Tarquinio el Soberbio, un tirano impresentable que tenía a Roma como puta por rastrojo. “Soberbio”, en un coñac, indica que es muy bueno, pero en un rey indica que es horrible.

Soberbio. ¡No, digo el coñac! ¡Que me cierran la página, si no!

Bueno, este Tarquinio no sólo consiguió el reino por el acreditado método de tirar por unas escaleras a su predecesor, sino que encima hacía y deshacía pasando del Senado, matando a senadores y reinando mediante el terror. Pues su sobrino Bruto, harto de esta opresión, resolvió librar a su pueblo de esta tiranía. Al loro, que era su sobrino: compárese este comportamiento con el de cualquier pariente de un politicastro actual.

Por ejemplo, Andrea Fabra, hija del presidente de la diputación de Castellón. Premio Nobel de Medicina y fundadora de la ONG “Salvemos África”. ¡Ah, no! Diputada, que dijo “que se jodan” a los parados y que sigue en su cargo

Así que cuando Sexto, el hijo de Tarquinio, violó a la joven noble Lucrecia, Bruto se vió incapaz de aguantar más esta tiranía. Organizó una insurrección y derribó a Tarquinio, e instauró la República en Roma con el objetivo expreso de que la ciudad no tuviese que volver a aguantar las injusticias del poder de un monarca ni los atropellos de sus parientes.

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JOSÉ MANUEL CASTELAO BRAGAÑA

Este señor es un parásito que ocupaba, después de haber sido un pelota del PP gallego durante muchos años, el puesto de presidente del Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior, un organismo FUNDAMENTAL en nuestra democracia y en modo alguno una sinecura de puta madre para mierdosos y chivatos de los partidos políticos. Su mayor éxito hasta la fecha: decir en una reunión, para justificar su intención de infringir una norma, que “las leyes son como las mujeres: están para violarlas”.

Al parecer, según esta nota biográfica, su vida es un proceso de contínua degradación profesional y personal, desde la honorable profesión de mozo de los recados hasta la oprobiosa de diputado del parlamento gallego, pasando por la infamia de ser abogado. También dicen que tiene “la lágrima fácil” y un “lenguaje tan florido que hasta resulta barroco”. Es decir, es un llorica y un redicho, cuyo verbo joseantoniano queda de manifiesto en la especie de disculpas que ha dado por sus palabras: “fue en una reunión privada y en un contexto que de ninguna manera apuntaba a lo que la frase expresa, justamente al revés. Yo estoy completamente en contra de cualquier tipo de violación, soy un admirador educado y respetuoso de la mujer”.

Oiga ¿Cómo que al revés? ¿Qué quiere decir eso de “justamente al revés?”

“Yo lo que dije fue: ‘Salraloiv arap nátes: serejum sal omoc nos seyel sal’. ¿Lo ven? ¡Al revés!”

Que es un carca queda además claro con la frase esa de que es “un admirador educado y respetuoso de la mujer”. Qué expresión tan estúpida y degradante, una abstracción que podría ser sustituída por “el arte barroco” o “los caballos”. Imbécil, algunas mujeres serán admirables y otras unas hijas de puta; eso de “la mujer” así, en genérico, es más machista que la Filarmónica de Viena.

Qué de tías

SI EN VEZ DE BRUTO HUBIERA SIDO BRAGAÑA…

¿Qué habría pasado en la Historia si el lugar de Junio Bruto lo ocupase nuestro amigo Castelao Bragaña? Pues que, ante la violación de Lucrecia, se habría encogido de hombros y habría dicho “Mira, como las leyes”. Y Roma seguiría siendo hasta nuestros días una monarquía absoluta y despótica en la que se tolera la violación de jóvenes.

Qué bien que la Historia no haya ido por ahí ¿eh?

– Deploreibol

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