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Lo deploro

Un tanque es la mejor solución.

Ayer me compré unos cascos nuevos, unos de estos que aíslan bien las orejas. Y es que estoy harto de ir escuchando música por la calle con mis auriculares de botón, que dejan que se cuele todo el sonido del tráfico y, lo que es peor, las gilipolleces que dice la gente.

“Ahora es el momento de comprar bankias”

Bueno, pues los trastos estos venían envueltos en una caja de plástico duro infernal, que se está poniendo de moda para todo tipo de aparatos eléctrónicos, que cuesta la leche de abrir. Desde luego, con las manos y los dientes sólo es imposible.

No son estos los cascos, pero os hacéis a la idea

Así que hice lo que tantos otros antes que yo: cogí un cutter, y al lío. Y como a tantos otros antes que yo, el plástico este de mierda, que a veces es duro y a veces blando, me traicionó y acabé cortándome el dedo.

La sangre… la sangre… aquello parecía el Gears of War

No, en realidad fue un puntito de sangre de nada, pero es que cada vez que pongo “Gears of War” se triplican mis visitas gracias a los incautos que creen que escribo sobre su juego predilecto. En fin, que odio estos asquerosos envoltorios, que como digo cada vez se van popularizando más, hasta el punto de que pronto tendremos que abrir los kiwis del supermercado con una lanza térmica. Pero por lo visto lo que yo creía que era la típica queja sin más, en el mundo anglosajón (cómo no) es todo un problema de salud pública, al que le han puesto incluso un nombre técnico: wrap rage. Hay artículos de periódico sobre la angustia y las heridas que causa la paquetería moderna, y estudios que dan cuenta de las lesiones que uno se provoca tratando de abrir estas mierdas.

Y mientras me carcajeaba de la torpeza mental de estos pueblos del Norte, que ya han salido de la crisis pero que necesitan instrucciones para evitar hacerse heridas abriendo sus propios paquetes, he ido dándome cuenta de que yo mismo incumplo TODA LA LISTA de precauciones de seguridad básicas que son de cajón hasta para un niño de 5 años, desde “no cortes hacia tí” hasta “no sujetes el paquete con las piernas cuando estés cortando”. Y me pregunto ¿Por qué? ¿Por qué hacemos ese tipo de locuras cuando sabemos que las consecuencias pueden ser graves? ¿Qué mecanismo hay en el interior del ser humano que le hace despreciar peligros obvios al grito de…

“¿Por qué no?”

Pues porque te vas a hacer daño, melón. Pero como ese mecanismo misterioso forma parte de la naturaleza humana, la culpa no es de los que usamos sierras radiales para abrir paquetes que sujetamos encima de nuestro abdomen, sino de los que, conociendo esa naturaleza, van y hacen los paquetes así. Nos están forzando a autolesionarnos, ni más ni menos. Por eso, propongo como medida de seguridad contra los accidentes domésticos en el sector de la paquetería el siguiente test: cada vez que un ingeniero diseñe un envoltorio, habrá de construirse uno a tamaño grande y METERLE A ÉL DENTRO. Si consigue salir antes de que se le acabe el oxígeno, luz verde a su producción; si no, es que era demasiado difícil de abrir, y hay que diseñar un nuevo paquete.

“Llamad a la viuda, y recordad, el envoltorio al cubo de plásticos y el resto al de residuos orgánicos, que si no nos cae una multa del copón”

– Deploreibol

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