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Lo deploro

Un tanque es la mejor solución.

Hace unos minutos era más feliz, porque no conocía la existencia de los food stylists. Me he enterado de que hay una profesión con este nombre gracias a S Moda, un suplemento de El País que sábado tras sábado me resta algo más de esperanza en la especie humana, porque está lleno de gilipolleces. La obsesión de esta revista es demostrar que la moda es algo más que una banalidad y, claro, fracasan miserablemente semana tras semana.

En el número de la semana pasada venían a decir que la moda está ayudando a Japón a recuperarse del tsunami y de Fukushima. Si esto lo dices en las calles de Tokio, según la ley japonesa, cualquier ciudadano puede partirte en dos con una katana y, en vez de juzgarlo, le ponen una medalla.

La chorrada de esta semana es una columna titulada ¿Qué es un ‘food stylist’? (no he podido encontrarla por Internet, así que transcribiré a pedal algunos párrafos). Bueno, pues según la autora, que confiesa ser eso, son “los encargados de preparar la comida para las fotografías de libros de cocina o revistas, los anuncios de televisión” y demás. “Son responsables de crear platos que alimenten la vista haciendo que la boca se haga agua”. Hasta ahí, bien; chorra, pero nada ofensivo.

Ahora viene lo bueno: “Por ejemplo, podrían sustituir la leche cuando se fotografían cereales por cola blanca de carpintero, echar polvo de aspirina al champán para lograr una efervescencia extra […] y mil trucos más”. O sea, su profesión no solamente pasa por engañar -del inglés márketing– sino que son directamente responsables de la frustración de miles de personas que intentan que los platos que cocinan les salgan como en las fotos del libro, para fracasar una vez tras otra.

Esto está hecho con mierda, anticongelante, Ajax Pino y uñas de orangután pintadas de naranja

Qué estafa. Cuántas veces me habrá pasado a mí ponerme a hacer una receta curradísima para encontrarme después con un resultado decepcionante. Coño, si llego a saber que todo es humo y espejos me habría tomado mis fracasos culinarios con mejor humor.

Un poco de 'food stylism', y como Oriol Balaguer

Total, que no sabemos cuantas decepciones, disgustos y carreras de cocinero frustradas son responsabilidad de estos farsantes de los ‘food styilists’ (¡cómo odio ese nombre!), pero probablemente muchas. Pero atención, que viene otra gilipollez en esa misma columna: “Ahora la tendencia es cocinar alimentos frescos y fotografiarlos al momento para captar sus jugos y sus colores naturales”. Muy interesante, pero ¿naturales? ¿no acabas de decir que hay miles de trampas ARTIFICIALES (aspirina, cola de carpintero) para que las cosas parezcan mejor de lo que son? Ya no me creo nada. Por otro lado, tiene cojones que la última tendencia sea hacer fotos a la comida nada más cocinarla. ¿Y qué se hacía antes?

Se ve que los 'food stylist' de la vieja escuela hacían fotos a la comida cuando estaba putrefacta. Ah, los primeros e ingenuos pasos de una profesión.

Bueno, ¿que quieres ser ‘food stylist’? Pues ya sabes las claves del oficio: utiliza cosas venenosas para simular comida, y hazle fotos a las cosas cuando estén recién hechas, o mejor dicho, si vas a usar cola de carpintero, cuando estén recién ensambladas. La columna ni lo menciona, pero supongo que después de todo ese esfuerzo de bricolaje, a las fotos se les dará también una manita de Photoshop o dos para que cualquier parecido con la realidad sea coincidencia.

Poca gente lo sabe, pero lo que terminó siendo "Avatar" empezó como la foto de un 'food stylist' a un potaje de garbanzos

– Deploreibol

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