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Lo deploro

Un tanque es la mejor solución.

Quizá “odio” sea un poco excesivo; me explico. No sé a ti, pero a mí me gusta disfrutar de mi comida. Eso implica masticarla en paz, dedicando toda la mandíbula a triturarla, sacándole el juguillo. Vamos, estar tranquilo mientras se come; es pedir poco, creo. Bueno, pues hay por ahí una categoría humana que se dedica a reventarle a uno este momento: los que, cuando te ven comiendo, se paran para decirte “que aproveche”.

Pobres, ya sé que lo hacen con buena intención, pero oye, es molesto. Sobre todo porque parece que se conjuren para decírtelo justo en el peor momento, en mitad del mordisco. Te ponen así ante la imposible disyuntiva de no contestarlos, y quedar como un maleducado, o decirles “gracias”, que se convierte en una desagradable experiencia visual y auditiva: un grotesco sonido, “grmmramchias”, acompañado del despliegue de todo lo que tuvieses en el interior de tu boca en ese momento.

“Espera… espera… todavía no… espera a que muerda… ¡Ahora, ahora! ¡Eh, Pepita! ¡¡¡¡¡QUE APROVECHE!!!!!”

Digámoslo claro: una persona que te obliga a quedar como un ingrato o como un cerdo no es tu amigo. Además ¿qué es eso de desear a una persona que le aproveche lo que come? Es innecesario, se da por supuesto que una persona con un mínimo de humanidad desea a un prójimo que le siente bien lo que está comiendo. Lo destacable, lo llamativo, sería lo contrario: transmitirle tu esperanza de que la comida le siente mal. En ese caso sí veo justificada una interrupción:

“¡OJALÁ TE SE ROMPA EL DUODENO Y REVIENTES, CARAPIJO!”

Así que, agradeciendo la intención, hago desde aquí un llamamiento a los que dicen “que aproveche”: la forma más fácil de lograr que alguien disfrute de su comida y le siente bien es no importunarle mientras mastica.

En ese caso, QUE APROVECHE

– Deploreibol

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