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Lo deploro

Un tanque es la mejor solución.

Si hay algo que me saque de mis casillas es que una actividad cotidiana se vuelva complicada por requisitos burocráticos estúpidos. Por ejemplo, hacer una compra. Hay sitios en los que esa sencilla operación se convierte en un inferno y, entre ellos, uno de los peores sea posiblemente un mostrador de Nespresso.

¿Por qué hay que aguantar una cola de, pongamos, media hora, para comprar unas puñeteras cápsulas de café? Porque los genios que gestionan Nespresso han decidido convertir una actividad tan sencilla como vender cafeses en una ordalía insufrible. Que quede claro, ojo, que considero a los dependientes las principales víctimas de esta práctica, y mis mejores deseos están con ellos; por contra, son los responsables de Nespresso, los gestores -como en todas las actividades humanas-, los principales culpables de esta abominación.

La palabra “gestor” y “gestapo” están relacionadas: comparten raíz del indohitita ges-, “que le ponen la vida difícil a la gente”

Primero, parece que los muchachos que atienden el mostrador tienen orden, bajo pena de muerte, de contestar a todas las preguntas que hagan los posibles compradores, no importa cuán estúpidas. Combina eso con la peña que no tiene nada que hacer en toda la mañana, y tienes la receta perfecta: un paisano preguntando  por el sabor de todas y cada una de las cápsulas Nespresso.

¿Se puede saber qué espera la gente, preguntando que diferencia hay entre un Volluto y un Arpeggio? Coño, uno tiene fuerza 4 y otro fuerza 8 ¿Tú cuál crees que es la diferencia, merluzo? Además, ¿cómo esperas que una persona te trasmita, mediante meras palabras, qué matices diferencian dos cafés prácticamente idénticos? ¿Es acaso posible? Entonces, ¿para qué preguntas? Uno es café, y otro es café más fuerte. Punto.

Tomar un Volluto es como batallar con un troll de las nieves en lo alto de la Cordillera de la Desesperación, mientras que un Arpeggio es más bien como hacer snorkel en las cristalinas aguas de Sharm el Sheik. No te jode.

Bueno, pues después de aguantar todas las preguntas sobre las bondades relativas de una cápsula sobre otras, y después de las indecisiones que parecen asaltarle a la gente a la hora de decidir cuántas cápsulas se llevan, viene el remate final. Parece que los empleados de Nespresso están obligados a preguntar, cuando han cerrado la venta, si al comprador le apetece un café. Pues alucina, pero hay muchas personas que dicen que SÍ, así que nuevo retraso mientras el pelma de turno, que nunca ha dejado pasar ninguna oportunidad de rapiñar nada que sea gratis, vueeeeeeeelve a verse asaltado por las dudas a la hora de decidir qué café se quiere tomar.

Total, cada cliente pesao es un mínimo de 10 minutos. Mientras, la gente que -como yo- tiene la cosa clara, quiere llevarse X cápsulas de X tipo, y quiere tomarse un café, sí, pero en su CASA tranquilamente, que para eso compra las cápsulas… esos… tenemos que aguantar todo este padecimiento.

¿La Peste Negra? Una gilipollez al lado de mi padecimiento, que es que tengo que esperar 15 minutos para comprar mis cápsulas Nespresso, oyessss.

– Deploreibol

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