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Lo deploro

Un tanque es la mejor solución.

Con la llegada del buen tiempo, el personal saca del fondo del armario la ropa de temporada de verano y, con ella, alguno de los horrores más perturbadores alguna vez diseñados. Entre otros, esas horribles, horribles chanclas puestas de moda hace algunos años y que no parecen irse nunca: las (¿los?) crocs.

¿Por qué? ¿Por qué alguien querría ponerse estos espantos plásticos? Sudor de pies y plástico… ¿Son acaso cómodas? ¿Aunque fueran cómodas, qué hay de tu reputación? ¿Te gustaría que tu hijo fuera visto con unos crocs? ¿Por qué este señor se casa con crocs?

Nótese que su vieja también lleva crocs

En verdad, la humanidad está condenada a repetir sus errores. Caemos siempre en los mismos pozos, aunque creamos que nunca repetiremos en el horror: Todo esto ya nos pasó otra vez, en los ochenta, cuando estábamos sometidos a la tiranía de las cangrejeras. Vaya basura las cangrejeras, que incómodas y espantosas eran, y cómo se llenaban de arena por dentro que te rozaba inmisericordemente la piel.

No puedo entender cómo, por estética o por comodidad, alguien pueda llevar esa pesadilla en sus pies. Yo comprendo que, al que se gane la vida cazando cangrejos, le pueden resultar útiles las cangrejeras, para andar por las rocas y tal. Pero ni siquiera las mejores cangrejeras te pueden proteger de los peligros de esa profesión…

Por eso, amigo, di ¡NO! ¡Yo no seré visto con cosas de estas en mis pies! Seguiré llevando zapato, o zapatilla, o como mucho una sandalia o una chancla. Porque, como dijo Sartre…

– Deploreibol

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