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Lo deploro

Un tanque es la mejor solución.

La verdad es que ya odiaba a los bancos con toda mi fuerza, pero hoy he visto un anuncio por la tele que me ha tocado los cojones hasta el infinito. Es un spot del banco Santander que dura 30 segundos, se llama “Confianza” y que puedes ver aquí, en el canal de youtube del propio banco.

¿Ya? Vomitivo ¿no? Vamos a hacer una disección de sus contenidos. Iremos línea por línea del anuncio, demostrando que lo que dicen es puta mentira e ilustrando el asunto con imágenes tomadas del vídeo, a las que añadiré un texto que es el que debería figurar en el anuncio en vez de las trolas acarameladas que cuenta. Ahí vamos.

¿Sabes lo que hace que un país funcione? La confianza

Excelente. Confianza como la que deben tener los viejos a los que vendisteis preferentes para quedaros con su dinero de baratillo, engañándolos en vuestras sucursales, o a los tenedores de convertibles “Valores Santander”, 129.000 incautos que todavía tienen que estar estremecidos con sus pérdidas.

¿Sabes lo que hace que un banquero viva en un loft como éste? Tu dinero

Confiamos en quien nos quiere, y quien nos cuida

Ah, el que nos quiere y nos cuida. Como Alfredo Sáenz, I suppose: consejero delegado del banco, condenado e inhabilitado para ejercer funciones de banca, e indultado en uno de los últimos y vergonzosos estertores del gobierno socialista. Este señor tan fiable nos quiere y nos cuida tanto que ha declarado abiertamente que hay que desmontar el Estado de Bienestar. Ahí va la frase, pronunciada el 2 de junio de 2004: “El wellfare hay que desmontarlo y no tenemos demasiado tiempo para hacerlo. Es un mensaje que para mí es clarísimo, aunque seguramente nadie me hará caso, pero os aseguro que hay una tremenda preocupación en Europa sobre esta cuestión. La pregunta es cuánto tiempo tenemos para hacerlo y no es demasiado, no tenemos quince años”.

Tranquilo, Alfredo. Tú y tus amigos sociatas y peperos vais camino de desmontarlo mucho antes de 2019.

Confía en nosotros. SALTA.

En quienes pelean todos los días en una lucha sin medallas

Esta frase acompaña a imágenes de pequeños empresarios trabajando en sus negocios: una panadera amasando y un tipo abriendo su cafetería. O sea, gente normal haciendo lo que hasta el comienzo de la crisis era una cosa normal. Si tener un negocio se ha convertido en una “pelea” y una “lucha” es por los putos bancos de mierda que han alimentado una burbuja impresentable del ladrillo para quedarse con los ahorros de la gente y luego se han dedicado a estrangular el crédito y cerrar líneas a las empresas normales forzándoles a la quiebra, todo para sanear sus repulsivos balances, que son un desastre porque están dirigidos por idiotas, criminales convictos e incompetentes.

Mmmm… tiene que ser jodido estar ahí amasando a las seis y diez de la mañana. Mejor robar.

Sabemos que podemos contar con su talento, con su entusiasmo

Inmediatamente después de decir la banalidad ésta de una “lucha sin medallas” el vídeo empieza a ofrecernos imágenes de deportistas, es decir, de la lucha por las medallas. Hermosa contradicción. Bueno, sale un deportista cojo con una pierna artificial, Fernando Alonso celebrando un triunfo con su chándal del Santander y un par de payasos (uno de ellos con peluca de colores) celebrando -presumiblemente- algún gol de la selección española.

Seguid celebrando, queridos untermenschen, a vuestros ídolos millonarios a los que gestionamos con placer sus SICAV, mientras el solo hecho de mirar el saldo de vuestra patética cuenta ya os supone una comisión de 3 euros. ¡No dejéis de disfutar del partido! ¡Entreteneos!

Y nunca vamos a dejar de confiar en el futuro, porque el futuro tiene nombre y apellidos

Sí: Emilio. Botín.

Este señor tenía unos ahorrillos en una cuenta de Suiza -nada, no mucho ¿eh?- que se le había olvidado declarar. Cuando un empleado del banco opaco donde los tenía entregó a las autoridades tributarias los datos de decenas de miles de cuentas presuntos evasores fiscales, Botín y familia se acordaron de aquel despiste, arreglaron rápidamente cuentas (una minucia, hombre, habían dejado de pagar sólo 200 milloncitos de euros), un juez les dio la bendición y aquí no ha pasado nada, oiga. Bueno, sí que pasa: el hombre que hizo saltar el escándalo, detenido en España, está pendiente de ver si le extraditan a Suiza. Oye, las historias como a mí me gustan: el bueno gana, el malo sufre su justo castigo, y todos comemos perdices y bebemos a morro champán francés del de 20.000 euros la botella.

A todo esto, la línea esa de que “el futuro tiene nombre y apellidos” va acompañada de la típica imagen manida y azucarada de un médico agarrando a un recien nacido durante un parto. Puaj.

Seguimos explorando nuevos territorios para hacer el mal; entre ellos, la eugenesia.

Nuestro país está lleno de personas, ideas y proyectos en los que se puede confiar

Ya estamos al final del vídeo, y la cosa se vuelve confusa. Se suceden imágenes que no sé cómo interpretar: una chica guapa sonriendo mientras anda por un pasillo, tres militares españoles hablando con lo que parece ser un musulmán barbudo que lleva un pañuelo en la cabeza a la manera de las mujeres musulmanas (¿?), un cursi observándonos con mal disimulada superioridad moral en lo que parece ser su sofisticado restaurante y una pareja abrazada y sonriéndonos mientras miran un portátil en una biblioteca pública. Ninguna de estas imágenes me inspiran la idea de “personas, ideas y proyectos en los que se puede confiar”.

Los militares españoles, un claro caso de personas en las que se puede confiar

Santander. Tu banco de confianza.

Con esto, una chica mirando al horizonte y un par de lemas del banco termina el anuncio. Pocas veces había visto algo tan repulsivo. El modelo por excelencia de capitalismo financiero sin horizonte, la entidad que le echó un pulso a los bancos pequeños a ver si se derrumbaban (y con ellos el sistema financiero español) con la llamada ‘guerra de depósitos’, la entidad elegida año tras año como peor banco del Reino Unido por sus propios clientes… ¿Viene a hablarnos de confianza? ¿Viene a darnos lecciones sobre proyectos, ideas y personas en los que confiar? Lo de la publicidad y el márketing no tiene nombre, muchacho. Para ser decente, hay que vivir al contrario de como dicen éstos. Carroñeros.

“¡Eh, sin ofender!”

- Deploreibol

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